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10may22


Paz Esteban, la medievalista que terminó mandando a los espías


«Al otorgarme vuestra confianza para dirigir el CNI, le habéis mandado una señal clara de respaldo a la institución, una señal que todos nosotros valoramos muy positivamente y os agradecemos». Era la mañana del 10 de febrero de 2020 y Paz Esteban pronunciaba estas palabras en el Ministerio de Defensa, en presencia de Margarita Robles, durante su toma de posesión como jefa de los servicios secretos. Esta alta funcionaria del Estado se convertía en la primera mujer al frente de los espías españoles, un ejército en la sombra formado por más de 3.000 personas.

Esa «confianza» que invocaba Esteban en aquel acto celebrado semanas antes de que se declarara la pandemia del coronavirus ha quedado definitivamente quebrada este martes, cuando el Consejo de Ministros -820 días después de nombrarla- ha aprobado su destitución como secretaria de Estado directora del Centro Nacional de Inteligencia. El Gobierno de Pedro Sánchez entrega su cabeza en plena crisis del espionaje en un intento de contentar a los grupos independentistas catalanes, que han hecho casus belli de este asunto y amagan con forzar el adelanto electoral.

Desde hace días se daba por segura la salida de Esteban, que sólo ha encontrado en la ministra de Defensa un respaldo público a su trabajo. Su último acto oficial tuvo lugar el pasado jueves, cuando compareció ante la comisión de control de los créditos destinados a gastos reservados del Congreso para confirmar que se usó el programa israelí Pegasus para espiar al separatismo bajo amparo judicial en 18 ocasiones. Su destino ya estaba sentenciado y se ha certificado este martes, a 50 días de que Madrid acoja la Cumbre de la OTAN.

La destitución de Esteban supone también la derrota de Margarita Robles, que libraba en la sombra un pulso con Félix Bolaños (ministro de la Presidencia) a cuenta de la responsabilidad por la brecha de seguridad que se ha revelado tras confirmarse que los móviles de Pedro Sánchez y de la propia titular de Defensa fueron infectados hace un año por Pegasus. La responsabilidad de la seguridad de los terminales del presidente y de los ministros depende de la Secretaría General de la Presidencia del Gobierno -puesto que ocupaba Bolaños cuando tuvo lugar la intrusión- si bien de la ciberseguridad se encarga el Centro Criptológico Nacional (CCN), dependiente del CNI y por tanto de Defensa. A la luz de los hechos, el Gobierno responsabiliza en exclusiva a Esteban por el espionaje a Sánchez.

Sucesora de Sanz Roldán

Robles ha sido la gran avalista de Paz Esteban (Madrid, 1958). Fue ella la que impuso la llegada de la ahora destituida para sustituir a Félix Sanz Roldán cuando el general conquense agotó el mandato en el verano de 2019 -Esteban ocupaba de manera interina el puesto hasta que fue designada formalmente en febrero de 2020- frente al núcleo duro de Moncloa, partidario de designar al director del Departamento de Seguridad Nacional: el general Miguel Ángel Ballesteros.

No lo ha tenido fácil la ya ex directora general del CNI en su carrera profesional, desarrollada en los servicios secretos cuando pensaba dedicarse al mundo de la archivística tras haber estudiado Filosofía y Letras y haberse especializado en Historia Antigua y Medieval. Ella ingresó en el Servicio de Inteligencia en 1983, al poco de la llegada del PSOE al Gobierno. Entonces al frente de La casa se encontraba Emilio Alonso Manglano y la institución tenía aún su anterior denominación: el Centro Superior de Información de la Defensa (CESID). El escándalo de las escuchas se llevó por delante el nombre del organismo -en 2002 se creó el actual CNI, por lo que este año celebra su vigésimo aniversario- y a Manglano a mediados de los noventa.

En el libro No sabes nada de mí. Quiénes son las espías españolas (La Esfera de los Libros, 2019), la periodista Pilar Cernuda recoge en un capítulo la reflexión de Paz Esteban sobre las reticencias que encontró cuando se incorporó a un organismo en el que mandaban los militares: «Nuestra sociedad de entonces no tenía nada que ver con la actual, y ellos eran personas que en muchos casos jamás habían trabajado con mujeres, excepto, como mucho, con alguna secretaria y, en todo caso, siempre con subordinadas, nunca en su mismo plano. Llegamos para ocupar puestos de un nivel que hasta ese momento estaban reservados a miembros de las Fuerzas Armadas, y si efectivamente hubo ejemplos de machismo o de paternalismo, que los hubo, con el tiempo te das cuenta de que lo que ocurría es que no sabían cómo tratarnos, ni como profesionales, ni como personas».

Su primer servicio fue el de analista en la división de Inteligencia Exterior, donde asumió una de las jefaturas de área. Ya bajo la denominación actual de CNI, fue nombrada responsable del órgano de coordinación de la Dirección de Inteligencia en 2004 y, dos años más tarde, pasó a ocupar la segunda jefatura de la Unidad de Planificación. En 2008 continuó su escalada al ser nombrada jefa de la Sección de Estrategia y Planes en el gabinete técnico del secretario de Estado director del CNI y en 2010 directora de dicho gabinete, alcanzando la secretaría general en junio de 2017. Mano derecha de Sanz Roldán hasta que éste cesó, Paz Esteban acumula 39 años de servicio en los servicios secretos, donde ha vivido algunos de los grandes acontecimientos: la fuga de Luis Roldán (1994), los atentados del 11-S (2001), el 11-M (2004), los atentados de Cataluña (2017), el desafío independentista catalán…

«Informe que va al Gobierno»

«Sales a la calle, buscas fuentes, contactos, conoces instituciones… Para conseguir la mejor información, la más exclusiva, que después contrastamos, procesamos y analizamos, y con ella elaboramos un informe que va al Gobierno. Informe que tiene que ser lo más completo, riguroso y objetivo posible; sin opiniones, recogiendo solo hechos contrastados y, además, condensado en poco espacio. De lo que se trata es de dar a la autoridad los elementos de juicio que le permitan tomar decisiones», contó a la periodista en la citada obra sobre el trabajo de Inteligencia. En El arte de la guerra, Sun Tzu lo explicó con menos palabras hace 2.500 años: «No será ventajoso para el ejército actuar sin conocer la situación del enemigo, y conocer la situación del enemigo no es posible sin el espionaje».

Ha sido precisamente el espionaje a los separatistas y la fragilidad parlamentaria del Ejecutivo de coalición lo que la ha terminado sentenciando, impidiéndole terminar las tareas que enumeró durante su discurso de investidura hace algo más de dos años. Entonces dijo que el CNI era una «maquinaria que funciona», si bien era necesario impulsar diversas mejoras a fin de que «se proyecte bien hacia un futuro cada vez más exigente».

En concreto, abogó por trabajar para conseguir una institución «más moderna, más flexible, más integrada, más innovadora», capaz de aplicar «nuevos métodos y procedimientos de trabajo» y con «mayores y mejores capacidades» en un intento de dar un «salto cualitativo» y poner las bases del futuro de este organismo, cuyo origen moderno se sitúa en 1977.

«Me corresponde en esta etapa liderar el proyecto de transformación digital que acabo de resumir, que iniciamos formalmente hace un año, que tiene un marcado carácter transversal y que, por eso, no se limitará a la innovación tecnológica -tan importante, por otra parte-, sino que afectará, y puedo decir que ya está afectando, a todos los sectores de actividad del Servicio y a todos los organismos que lo componen», proclamó en febrero de 2020.

Ese trabajo queda inacabado con su destitución, claramente insuficiente para el independentismo catalán y la parte del Gobierno de Unidas Podemos. La salida de Esteban supone también la derrota de la ministra de Defensa, quien la nombró y quien en las últimas semanas la ha defendido en solitario, frente a Félix Bolaños. Pero la crisis del espionaje no ha escrito su último capítulo.

«Mi salida va a ser fácil, porque, por edad, no me queda mucha vida activa y, cuando llegue el momento de dejar de ser secretaria, lo que tengo claro es que me quiero jubilar aquí, en el CNI», confesó a Pilar Cernuda años atrás, cuando ocupaba la secretaría general. Desde luego, el final que se ha escrito hoy no es el que ella esperaba después de 39 años de servicio.

[Fuente: Por Antonio Salvador, El Independiente, Madrid, 10may22]

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