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19jul13


La inversión pública y privada se desploma por debajo de la media de los últimos 50 años


La crisis económica continúa sacudiendo los cimientos de la economía española. Hasta el extremo de que una de las fortalezas del modelo de crecimiento de las últimas décadas -la inversión pública- se desvanece. Y lo hace a un ritmo desconocido. Lo demuestra el hecho de que se sitúa ya cinco puntos por debajo de la media de los últimos cincuenta años. Aunque no sólo eso. La evolución de la formación bruta de capital fijo (FBCF) no cubre siquiera la depreciación de algunos activos.

O dicho en términos más directos. El esfuerzo inversor público y privado representó en 2012 un 19,6% del producto interior bruto (PIB), el mismo nivel que en los primeros años 80, cuando el segundo choque petrolífero metió a la economía española en una profunda crisis. Muy lejos, en todo caso, del 30,7% que llegó a alcanzar la inversión pública y privada en 2007, que marca el techo en cuanto a renovación del capital fijo de la economía española. Esos diez puntos de PIB -unos cien mil millones de euros- representan una cantidad muy parecida a la mejora que se ha producido en la balanza por cuenta corriente española, lo que refleja claramente dónde se ha hecho el ajuste. No tanto en el gasto corriente sino, sobre todo, en la inversión.

Ahora bien, España continúa siendo un país fuertemente capitalizado. De hecho, y pese a ese enorme retroceso, la inversión pública y privada en el año 2011 multiplica por 5,7 veces la existente en 1964 en términos reales, al comienzo del desarrollismo económico, y dobla a la existente en 1995, lo que refleja claramente el esfuerzo inversor que ha hecho este país en las últimas décadas. Básicamente en dos actividades: construcción civil (obra pública) y vivienda, que han crecido de forma exponencial.

Los datos aparecen en un informe elaborado por la Fundación BBVA y el IVIE (Instituto Valenciano de Investigación Económica), y para remarcar esta idea se recuerda que aunque la inversión privada también ha retrocedido con fuerza durante la crisis, en los últimos años la caída de la inversión pública ha sido "muy intensa", al concentrarse en ella ajustes del gasto público porcentualmente mayores. De hecho, la inversión pública en términos reales en 2012 representó apenas el 40,6% de la realizada en 2007.

Renta per cápita e inversión

¿Qué consecuencias tiene este proceso? Pues según los autores del informe, el resultado es el siguiente: España tiene menores niveles de renta por habitante que otros países avanzados. En primer lugar, por sus menores dotaciones de capital por habitante, y en segundo lugar, por las bajas tasas de empleo y sus escaso nivel de productividad del trabajo y del capital. Fruto de ello es que esas carencias "limitan la generación de valor añadido de la economía española".

¿Y qué deparará el futuro? Los autores del informe alertan de que las actuales dotaciones de capital "no son suficientes" para ofrecer oportunidades de empleo a toda la población que desea trabajar con unos equipamientos de capital por ocupado similares a las de otros países desarrollados. Esta es una de las razones, sostienen, por las que la tasa de empleo de la población es inferior en España. El problema se agrava en la actualidad porque, además, parte de esas dotaciones "están infrautilizadas" por falta de demanda, y su productividad es escasa.

Esto no quiere decir, sin embargo, que haya que seguir cebando la bomba de la inversión para salir de la crisis. Los autores del informe sostienen, al contrario, que debe ser el sector exterior el que tire de la demanda interna. Pero, dicho esto, recomiendan que la orientación de la inversión se dirija hacia "activos y actividades más productivas". Para ello, el potencial de generación de servicios del capital deberá incrementarse mediante la intensificación de los activos más productivos, como las tecnologías de información y comunicaciones (TIC).

La relación entre inversión en capital fijo y renta per cápita es algo más que una evidencia. Las cuatro comunidades con mayor PIB por habitante -Comunidad de Madrid, País Vasco, Comunidad Foral de Navarra y Cataluña- apoyan ese resultado en varias palancas: unas mayores dotaciones de capital per cápita, unas mayores tasas de empleo y una productividad de sus capitales superior a la media española, se asegura.

[Fuente: Por Carlos Sánchez, El Confidencial, Madrid, 19jul13]

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