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10may10


¿Cosas de gente normal?


Eran gente normal. Y creían que estaban haciendo lo correcto, que nada de lo que hacían era malo. Que estaban salvando al mundo de peores sucesos. Que embutir familias enteras en unos trenes era lo adecuado. Que envenenar a cientos en cámaras de gas era una orden de lo más sensata. Que estaban del lado bueno del mundo y que perseguían la maldad con fiereza. Esos nazis del Holocausto.

Seguramente, Carlos Castaño también estaba sano, siquiátricamente hablando, cuando dijo que matar a más de 80 personas era necesario porque así se evitaba una peor tragedia. Dijo que era un mal necesario. Eso dijo, frente a micrófonos, convencido de su labor social.

Con seguridad, los agentes del DAS inmiscuidos en las famosas 'chuzadas' se reportarán como gente normal, como usted y yo, que trabaja para el lado bueno de las cosas, que tenían un trabajo como cualquier otro: oír conversaciones ajenas, encochinar la reputación de alguien, amenazar de muerte a los hijos de un desconocido o mandar fotografías del salón del colegio de unos críos indefensos, como diciendo: 'cuidado, sabemos dónde estudian, y si están vivos es por nuestra buena voluntad'; en fin, cosas del laburo. Y habrán llegado a sus casas después de un día de 'trabajo' a decir: 'Qui'ubo, mija, cómo están los niños ¿hiciste ajiaco?'. Y todos tan campantes de ese lado. Del de los buenos.

Porque del lado de los 'malos' la cosa estará al borde de la histeria. La mujer ojerosa porque lloró toda la noche; el niño que no puede ir a estudiar porque ayer nada más enviaron fotos de cuando abordaba el bus, y el amenazado en un dilema ético y vital como nunca: si sigo siendo quien soy, sacrificaré a mi familia. Porque eso decía el pasquín de amenaza. Decía: 'lárguese, cuide su familia, mucho ojo, ¿usted quiere a su hijo?'.

Ni hablar de las campañas de desprestigio. Esas que leyó Juan Gossaín en su editorial radial, que explotó como debía por la web. Las famosas 'chuzadas' no son tales. Se trata de una red de espionaje oscuro, que sólo tiene por objetivo arrasar con todo aquello que parezca sospechoso. La triple A en Argentina operó igual. Esa triple A (Alianza Argentina Anticomunista) que, cuando lo consideró necesario, pues fue a la casa de un fulano, lo metió a golpes en un carro y, como dicen en la calle, lo hizo humo, es decir, lo desapareció. Y eran tan, pero tan normales sus agentes...

Develar quién está detrás de ese macabro sistema de información ilegal, de esas campañas de desprestigio de todo lo que olía a oposición, es un deber de este Gobierno. No de otro. Es su responsabilidad por ahora, y debería tener a todos los organismos de control sobre esas pistas. Que son muchas; más de 100 folios membreteados deben ser suficientes. Y bienvenido sea, ahora sí, el FBI: lo que sea necesario con tal de encontrar a los responsables, los que fraguaron semejante cosa. No creo que alguien quede contento con un par de directores del DAS presos y tres detectives. Porque el DAS no es un organismo endémico, independiente del Gobierno. Todos esos informes iban para algún lado, que desconocemos. Por eso es necesario que este Gobierno nos devele la trama. Para librarse de toda sospecha. Y para que lo podamos recordar por sus aciertos, que fueron muchos, sin duda.

Uno de los sacrificados directos de esas 'chuzadas', de ese aparato de tortura sicológica y social, fue Hollman Morris. El de Contravía, ese programa tan incómodo para las oficialidades de todos los tiempos. El cerco de desprestigio que le tejieron fue tan efectivo que su programa se va. No va más, para nuestro pesar. Porque era una voz que informaba desde otro punto de vista. Y es una lástima, porque necesitamos de todos los puntos de vista, siempre y cuando sean defendidos con argumentos. No con balas. No con amenazas.

Y quienes lo hicieron eran tan, pero tan normales...

[Fuente: Por Cristina Valencia, El Tiempo, Bogotá, 10may10]

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