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23ago15


El joven asesinado en Jujuy entró en la política en busca de trabajo


Jorge Ariel Velásquez, el chico de 22 años asesinado de un balazo por la espalda, era un joven "ni-ni": no era radical ni kirchnerista. Mejor dicho, Ariel se había acercado al colegio del Movimiento Tupac Amaru para terminar el secundario y así poder aspirar a un trabajo como el que había tenido su padre en un ingenio. Y la misma razón fue la que lo llevó a convertirse en un militante de la UCR durante esta campaña. "Era la primera vez que se metía en la política porque se entusiasmaba con la posibilidad de tener un trabajo", confirmó su madre, María Jurado, desde el patio de la humilde casa familiar del Barrio La Merced.

Los fines de semana, para sobrevivir, la mujer va casa por casa vendiendo tamales que prepara los jueves. Hace tres fines de semana que esa rutina se interrumpió porque a la madrugada del sábado 8 su hijo apareció herido y su vida se apagó tras diez días de agonía. En medio, Ariel no pudo contar lo que le había pasado.

El senador Gerardo Morales, candidato a gobernador de Jujuy por un frente opositor, de inmediato tildó el caso como un hecho de violencia política y responsabilizó a la agrupación de la kirchnerista Milagro Sala. Esta organización respondió mostrando una dudosa ficha de afiliación del joven a su partido político. Y hasta Cristina Kirchner habló del caso en cadena nacional. De haber seguido vivo, Ariel habría ignorado por completo este festival de acusaciones. La política en realidad no le interesaba demasiado. O casi nada. Como miles de jóvenes jujeños que se acercan a ella, solo la veía como un vehículo para conseguir un trabajo.

"Mi hijo era un muchacho sano. No tenía ningún vicio ni llegaba borracho. Avisaba cuando se iba al baile", dice María, rodeada de sus hermanos Barbarita, Silvia y Emilio. Todos se esfuerzan por mostrar que son una familia de trabajo: numerosa pero esforzada. El abuelo de Ariel, Don Víctor Jurado Cruz, había sido zafrero de caña para el Ingenio La Esperanza, casi el único generador privado de fuente de trabajo que hay en esta ciudad de 80.000 personas, aunque ahora sea objeto de un millonario "salvataje" de parte del Estado. Y su padre, Andrés Velásquez, trabajó en la fábrica de Ledesma hasta que murió unos meses atrás por una afección pulmonar.

María comenzó a cobrar la pensión que le corresponde por su marido, unos 2.700 pesos que la obligaron a renunciar a una ayuda algo mayor, de 3.200 pesos, que recibía por ser madre de siete hijos. Ariel, el más chico de los varones, adoraba los caballos y tenía tres que cuidaba con esmero en un monte cercano a su hogar. "Sentía la necesidad de solventar el hogar y ayudar a su madre", comenta Barbarita.

Como su padre y su abuelo, Ariel habría querido trabajar en alguno de los ingenios de esta región azucarera. Llenó papeles para La Esperanza y averiguó que en Ledesma se precisaba el "secundario completo" para poder ingresar. Por eso se anotó en el colegio Germán Abdala de la Tupac Amaru, que le entregaría título en solo tres años.

Fue en 2014, un año después de su supuesta adhesión al partido de "la Milagro", como la llaman por acá. Su curso arrancaba a las siete y era un alumno "aceptable". Tenía una motocicleta que lo ayudaba a cruzar toda la ciudad hasta el barrio de la Tupac Amaru, donde nunca antes había sido agredido. En busca de un rebusque, también se anotó sin fortuna en las "capacitaciones" en oficios subsidiadas por el Gobierno nacional. Y dejó incompleta una solicitud para el programa Progresar (ver fácsimil).

Sin trabajo, como la mayoría de sus amigos, Ariel tenía mucho tiempo libre. En marzo pasado, junto a varios integrantes de su familia y debido al fuerte vínculo de algunas tías políticas con el radicalismo, se decidió a militar en la UCR local, que intenta quebrar muchos años de hegemonía peronista. Una semana antes de las PASO, junto a su hermano Manuel y su cuñada Silvia Vázquez, se ocupó para poner una mesa sobre Avenida Libertador, a dos cuadras de la casa familiar, para hacer proselitismo.

Una versión dice que allí, el viernes 7, fueron insultados por un grupo de "tupaqueros" que pasó por el lugar, aunque nada de esto queda demasiado claro. Ese día Ariel se fue a las siete con rumbo desconocido. Pasada la medianoche, Manuel oyó un disparo y salió de su casa al escuchar los gritos: era su hermano menor, desocupado y herido de muerte, el que pedía auxilio.

La Tupac Amaru niega vínculos con los sospechosos

"Queremos que la justicia investigue y nos diga por qué se ha producido el asesinato de este joven que recurrió a nosotros por educación y al cual ayudábamos sin imponerle nada a cambio", le dijo a Clarín la maestra Gladys Guanca, una de las referentes del Movimiento Tupac Amaru en la localidad jujeña de San Pedro. Los militantes de Milagro Sala también negaron ayer tener vínculos con el ataque sufrido por el militante radical Jorge Ariel Velásquez. Y aseguraron que las tres personas detenidas por la Justicia como sospechosos de haber cometido ese crimen tampoco formarían parte de esa organización.

Mientras tanto, Juan Manuel Esquivel, coordinador del área educativa de la Tupac Amaru y responsable de 12 centros secundarios semejantes al que concurría Ariel, aclaró que el acta de afiliación de Velásquez al partido político de Milagro Sala había sido firmada en 2013, por lo que mal podría habérsele exigido como condición para ingresar al colegio un año después. "El pibe transitaba por nuestro barrio a diario y todos lo conocían: era un alumno más y ha sido respetado", enfatizó.

La familia de Ariel -que fue aceptada como querellante y recién mañana podrá ver qué contiene el expediente judicial- también reclamó ayer el rápido esclarecimiento del caso, básicamente porque quieren desterrar la idea de que el ataque se trató de algún ajuste de cuentas vinculado con negocios con drogas.

[Fuente: Por Matías Longoni, Clarín, Bs As, 23ago15]

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small logoThis document has been published on 24Aug15 by the Equipo Nizkor and Derechos Human Rights. In accordance with Title 17 U.S.C. Section 107, this material is distributed without profit to those who have expressed a prior interest in receiving the included information for research and educational purposes.